12 dic 2025
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Susana monís
La Tormenta
A los que buscan, aunque no encuentren
A los que avanzan, aunque se pierdan
A los que viven, aunque se mueran
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Aprendí a no esperar los finales felices, a buscar la felicidad en el camino. Tú y yo seguro que suspendimos otras asignaturas, pero la calle nos enseñó, desde bien chicos, a vivir bonito el momento, a disfrutar cada pedazo que tocaba, por si acaso no volvíamos a tener oportunidad de hacerlo.
Recuerdo esas mágicas tormentas de verano, en casa de la estirada de tu madre. Esas sí que eran … ¡¡Barrían la calor y el churre de calles, tejados y fachadas!! No tengo claro que disfrutaba más, si la tromba de agua, o sacar del paso a esa blanca equivocada que te engendró. Le daba Changó y Yemaya vernos bajar los peldaños de dos en dos, de cuatro en cuatro, atravesar el portón y perdernos entre las callejuelas, saltando charcos, chapoteando, gritando como posesos, con Tomasín, el hijo de Gladys, pegado a nuestros talones ¡Tu mamá cogía un insulto! En décimas de segundo dejaba atrás sus exquisitos modales y se transformaba en una chancletera más de Centro Habana. Sus gritos hacían temblar a la cuadra entera:
- ¡¡Estela, subeeeee vas a enfermar!!
Quizás. las cosas no se valoran hasta que se pierden.
Quizás, nadie descubre el secreto de la felicidad hasta que se evapora.
Nota
Empaparse bajo el primer aguacero de mayo, un pedazo de mi Cuba que no quiero olvidar!!
Susana Monís





