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Susana monís

# triangulo-singular

El Secreto de Tus Ojos (Cap. 2 El Máquina)

El cerebro trabaja 24 horas al día,

365 días al año,

hasta que te enamoras.

Anónimo

Anónimo

Fragmento de Triángulo Singular

Fragmento de Triángulo Singular

Lo del Charli con el Máquina fue un auténtico flechazo, y eso que Pancho, su viejo tareco, contra pronóstico, seguía funcionando. La casualidad hizo que el muchacho lo descubriera aparcado en un escaparate. Todo pantalla y tan planito…

Vestido de la curiosidad del que sólo se propone mirar, entró en la tienda, pero cometió un error: ¡Lo probó! Pesaba tan poco, el tacto era tan suave… Su velocidad, memoria, cámara… Aquel bicharraco era una auténtica pasada. No lo necesitaba, pero lo deseaba tanto…

En un arrebato, sin preguntar a la razón, decide comprarlo y tira de tarjeta. El sablazo a sus ahorros va a ser tal, que la Visa tiembla como un flan cuando la acercan al datáfono. Ante sus dudas, la operación da error. El muchacho no se rinde y vuelve a pasarla. La operación vuelve a cancelarse. Solo cuando Charli pone en duda la validez de su Visa y amenaza con darla de baja, ella, asustada, cede y Charli se convierte en el orgulloso propietario del móvil de sus sueños.

Nada más llegar a casa, a Pancho, su viejo tareco, le extrae la SIM y lo jubila, con honores, en un cajón del salón. De inmediato, traspasa la SIM a su nuevo móvil. Es introducirla y alucina en colores al sentir una conexión bestial. No sabe explicarla, pero es, como si se hubiera convertido en una extensión de sí mismo. Lo siente tan suyo, que días después le bautiza. Le llama “El Máquina”, por la rapidez y eficacia con que gestiona su agenda, que crece a un ritmo demoniaco.

Respiran tanta complicidad que todos los amigos les auguran una luna de miel eterna. Pero, en esta vida todo, hasta los sentimientos, tienen fecha de caducidad…

Dos años después, Charli, joven al fin, de la noche à la mañana, deja de estar feliz con el androide. Le molestan su vibración, el anuncio de mensajes, llamadas, cumpleaños… De hecho, llega a acusarle de ser un “maldito depredador de su tiempo”.

¡Cómo le duele aquel insulto al Maquina!! El, que presume de estirar los minutos de su amo como si fueran chicle… Los reproches van en , no sólo en el fondo, sino también en la forma. Se concierge en un adicto a mutearle y no siempre se lo lleva. Con esos true nos, la autoestima del Máquina cae en picado. Momento que aprovecha el estrés para penetrar en su sistema, afectando al táctil con absurdos bloqueos y a la batería, que se hace más dependiente de su cargador.

Cada vez más torpe, más lento, el androide empieza a temer acabar compartiendo cajón con Pancho, si no reacciona.

Evalúa los daños sufridos. La culpable, una tal Pelusa, es un contacto que en tres meses, había conseguido infectar a Charli de esa enfermedad que los humanos llaman AMOR, y le había apartado de aquellos que le querían bien. Le asustaba pensar en el futuro que le esperaba…

En ese momento, el androide, diseñado para optimizar su respuesta y adaptarse a las condiciones del medio, se da cuenta de sus límites. El es un SER PROGRAMADO, y como a todos los seres programados, le resulta IMPOSIBLE competir con la sinrazón de ese sentimiento tan humano llamado AMOR.


Susana Monís

Escribo. No se vivir de otra manera. Mis historias se tejen entre un Madrid donde nací y una Habana donde viví, que marcó mi forma de sentir y de contar.

Escribo. No se vivir de otra manera. Mis historias se tejen entre un Madrid donde nací y una Habana donde viví, que marcó mi forma de sentir y de contar.