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Susana monís
# cuentos-la-habana
Viaje sin Regreso
Quién me ha robado el mes de abril, Cómo pudo sucederme a mi....
—
Susa, me faltan 80 dólares para completar lo de la visa, ¿tú podrías prestármelos?
Así, de esa forma tan brusca me enteré de su partida. Su anuncio me cayó como un balde de agua fría. Llevaba ya diez años aquí, en La Habana, y cada día los adioses escocían más. De hecho, de los amigos que me eché al llegar, ya no quedaba ni el Tato. Todos habían cogido su rumbo.
— Otra más que marcha. A este paso, seré yo quien apague el faro — Le contesté, intentando bromear con lo primero que se me vino a la cabeza.
La conocí hace un par de años, en la grabación de un vídeo. ¿Su edad? Ni idea... Solo sé que no llegaba a los 25. Estudiaba Educación Física y, nunca antes, había estado relacionada con el mundo de la farándula.
Me resulta difícil describirla. Era especial. Poseía una dulzura, una luz, una paz… Tan tierna e inocente que daban ganas de protegerla.
Cada vez que venía a La Habana, nos pasaba a ver y jugaba mucho con mi hija, que por entonces contaba con tan sólo 10 años. Poco a poco le abrí las puertas de mi planeta y, creí que ella, las del suyo.
Era de Matanzas, tierra bella donde las haya. Fui a su casa, una sola vez. y nos hizo un tour por ella ¡Lo hizo con tanto orgullo! La verdad es que era un hogar, con todas las comodidades y respiraba bonito. Recuerdo que su mamá antes de marchar nos ofreció un café recién colado, especialmente rico.
Si su familia vivía bien, si estaban unidos, juro que no comprendía que me pidiera dinero. Debió notar mis dudas e insistió:
— Tú sabes cómo están las colas y los líos para sacar la visa. Si pierdo este turno, no vuelo.
No me gusta ser la mala de la película y menos cortarle las alas a la gente que quiero, pero el dinero que me pedía, para Cuba, era toda una fortuna, y ella lo sabía.
Se lo di, pero antes, le advertí para que no me quedara nada por dentro:
— En mi tierra dicen que quien presta dinero a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo.
Tormento, contra pronóstico, días después, tocó mi puerta. para devolvérmelo. Venía con tiempo, así que aproveché para preguntarle por sus planes, y feliz me contó:
— Voy para Budapest. Me han propuesto que entrene un equipo de voleibol.
Al escucharla, me saltaron todas las alarmas...
¿Estamos LOCAS?? Cómo alguien puede creer que desde Rumanía, una de las mayores potencias en ese deporte, soliciten que entrene un equipo una muchacha que acababa de finalizar su carrera de Educación Física …Estaba claro que la historia estaba mal contada. ¿Qué se le había perdido a mi Tormento en Budapest?¿Quién realmente la invitaba? ¿Para qué?
Le conté mis miedos, rogándole que se lo pensara y, si marchaba, escribiera en cuanto llegara. Cosa que no pasó.
Sólo meses después supe de ella...
Esa mañana amanecí mal y marché especialmente pronto al trabajo. Recuerdo detalles tontos, como que al coger el túnel de 5ª, el sol despertaba y vistió el cielo de un naranja intenso. Amaba manejar a esas horas, me hacía sentir un elemento más de una Habana loca, alegre, que me incitaba a vivir. Las ventanillas abiertas, el aire húmedo chocando contra mi rostro, sumaban a un Malecón que en esos momentos era mío, tan solo mío. Pisé a fondo el acelerador y llegué al trabajo mucho más pronto que de costumbre. Los custodios me saludaron extrañados. Cuando abrí el despacho y encendí el ordenador, aún quedaba más de una hora para que la marabunta inundara la oficina. Aproveché y revisé Facebook. Hacía siglos que no lo tocaba. Me esperaban cuatro solicitudes de amistad. La primera, de una tal SOLYARENA...
El nombre no significaba nada para mi. Al ir a rechazarla, la fotografía de su perfil me hizo parar en seco. ¿¿Tormento?? ¿¿La novia de Raulito? En la foto lucía mal, triste y tan flaca, como una vara de pescar. Acepté su amistad, vi que estaba conectada y le saludé. Respondió al instante:
— He pasado por mucho Susan. Estoy tan dura que casi no me salen lagrimas. — Sentí que Rumanía había acabado con ella — En enero estaré contigo. El día 6 llego a Cuba para quedarme 20 días ¡¡No puedo dejar de verte!!, Tengo contarte lo que me pasó. Quiero que mi historia no se quede ahí. Necesito que la escribas. Es más fuerte que la de tu Tormento. Y déjame decirte algo... No imaginas lo orgullosa que estoy de ser tu amiga. Se me aguan los ojos….Tu amistad es una de las mejores cosas q m ha pasado en la vida, te lo juro."
Sus palabras me golpearon. No tenía sentido eso de “TE LO ADVERTÍ”, dolía sólo escucharla…¿Cuántas cosas había tenido que pasar aquella cría para valorar tanto una ayuda puntual?? ¿¿De verdad, la había ayudado?? Más que halagada, me sentí tan torpe. Me bloquee. Sabiendo que mi silencio o dilatar el tiempo de respuesta podía entenderse como un rechazo, luché por acelerar, pero no encontraba palabras de consuelo. Escribí y reescribí tres mil veces el mensaje que quería fuera de fuerza, de ánimo, y se lo envíe.
— Si tu quieres y yo quiero....¿Quién o qué nos lo va a impedir?? Nos vemos seguro. Para cualquier cosa sabes que estoy al otro lado del teclado..."
Me quedé esperándola. La Tormento NUNCA se acercó a casa. Nunca me contó su historia…
Eso si, me llamó cuando marchaba de La Habana, para despedirse. En la conversación, dejó caer algunas perlas de su historia. Y sólo con eso, atando cabos, juro podría hacerse un serial.
Volví a perderle la pista. Pasaron AÑOS. Hace poco la encontré por Instagram.
Vivía en Florida con su mamá y se notaba que no le iba mal. Se había convertido en una mujer sofisticada, estilosa, bella —eso siempre lo fue— y muy segura. Eso si, no quedaba rastro de esa luz y paz especial, difícil de describir que.a mi me deslumbró cuando la conocí. Su actual carta de presentación era el gesto duro de su rostro y la fuerza retadora de su mirada.
En mi tierra tenían razón:
Al prestar siempre pierdes. Yo recuperé el dinero pero perdí... Perdí a la muchacha a quien se lo presté.
Nota
A veces la realidad supera la ficción. Esta historia la viví en propias carnes. De hecho, antes de publicarla, le pedí permiso a su protagonista.
Susana Monís





