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Susana monís
# triangulo-singular
El Secreto de Tus Ojos-Capítulo 1
El amor es un secreto que tus ojos no saben guardar
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Charli desgastaba el reloj de tanto mirarlo, como si con cada vistazo pudiera acelerar el paso de las horas. La paciencia, jamás había sido su fuerte, y además, estaba convencido de que su vida empezaba al salir de la oficina. Aquella espera, lo desesperaba. Pero todo llega…
A las tres en punto, apaga ordenador, impresora, luces. Aparca los problemas de curro hasta el lunes y al cerrar la puerta de su despacho, se toca el bolsillo de la chaqueta para asegurar que no ha olvidado al Máquina, su inseparable móvil.
En el vestíbulo, encuentra una cola enorme de compañeros esperando el ascensor. En los primeros puestos, dispuestas a coger calle, encuentras a la risueña Anna y su inseparable Delia. Se les acerca. Tira del pelo a una y se parapeta tras la otra, bonita cantidad, que, entre risotadas, se deja mover como una pieza de ajedrez.
No ha pasado dos segundos, cuando el Máquina le avisa de una llamada. Lo coge con intención de mutearlo, pero para en seco al ver en su pantalla, quien es quien le busca: Esa morena de pelo lacio, negro, brillante y ojos enormes, que lo tiene muerto en la carretera. Las comisuras de sus labios, se curvan hacia arriba de forma automática ¡Hasta mariposas revolotean en el estómago! Esa foto no le hace justicia, pero tiene el valor de ser la primera que consiguió robarle.
Charli era transparente y sus gestos son percibidos por sus amigas que no le pierden pie ni pisada. El, sintiéndose centro de atención, se separa lo que puede, buscando privacidad , pero consigue el efecto contrario: Delia, que le conoce desde hace siglos, olfatea sus nervios, agudiza el oído y consigue capturar un trocito de la conversación:
— Pelusa, voy saliendo. Mis trastes y yo te caemos en la noche. Deséame suerte. Tírame un besito. Otro!! Mil pa´ ti!!” — Se sonrie con malicia. No es lo que dice, sino el “cómo”: Esas toneladas de ternura que chorrean de cada una de sus palabras y los susurros, le delatan.
— No puede estar pasándole esto a Charli.jajaja — Le cuenta a Anna, mientras espera que cuelgue el teléfono para someterle a un minucioso tercer grado— ¡Con lo que me mortificó a mi, cuando empecé con Joan!! Que si ya no me tomaba copas con ellos, que si me había vuelto una aburrida …
— ¿No era Charli quien, en la última comida en esa tasca…. ¿Origen?, nos decía que el amor estaba sobrevalorado, que no estaba hecho para él? — Le responde Anna siguiendo el argumento entre risas.
Un sexto sentido le hace al joven percibir sus cuchicheos. Conoce el paño a la perfección y puede imaginar lo que viene a continuación… ¡Con el chucho que les había dado a las chicas con sus historias! Se niega a sufrirlo en carnes propias , o por lo menos, hoy no. Aún no toca.
Sin pensárselo dos veces, escapa, cómo en las películas, por las escaleras de emergencias, mientras les dice adiós con la mano y, entre risotadas. Baja saltando los peldaños de 3 en 3, e incluso de cuatro en cuatro. Al llegar al hall, con el turbo puesto, sale del edificio, dobla la esquina y se pierde entre las calles de su Madrid.
Al Máquina en todo el camino sufre el bombardeo de un montón de llamadas y mensajes. El pobre vibra y chilla buscando llamar la atención de su dueño. Pero, ¡Qué va! Cuando Charli por fin se da cuenta, no le busca para atenderle, sino para activar su tecla de “mute”.
Agotado y muy molesto por el maltrato, se deja caer a plomo al fondo del bolsillo, donde busca acomodo. Sus circuitos echan humo. No entiende porqué su amo, siempre atento a sus advertencias y respetuoso con su trabajo, desde hace un par de meses le ignora sistemáticamente.
La única información que maneja, es que el cambio de Charli coincide con aparición de esa tal Pelusa. Sus microchips no logran procesar que un contacto recién agregado se haya convertido en EL CONTACTO, así, en mayúsculas. El único, el auténtico, mientras que los registros de las “otras”, que Charli guarda como Contactos Favoritos, se pierden en el olvido digital. Su dueño ya no responde sus invitaciones y sus notificaciones las responde con simples stickers, que sólo indican que sigue vivo.
Para el Máquina, la actitud de su dueño no es normal, pero quizás, Delia o Anna le podrían explicar que el amor no lo es…
Nota
Dicen que nada es eterno: El café se enfría, el humo se disipa, el tiempo pasa y la gente cambia — incluso uno mismo, cuando se enamora—
Susana Monís





